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UGT Informa: La luz y los carburantes disparan los precios hasta el 3% y hacen aparecer un problema del pasado; la inflación

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Este martes hemos conocido el indicador adelantado del Índice de Precios de Consumo (IPCA), publicado por el INE. El dato viene a suponer un importantísimo incremento de los precios por encima, incluso, del tradicional objetivo de inflación marcado desde Europa (2%). A pesar de esta repentina alza de precios, el mismo no viene acompañado de una mejora de la situación económica, sino del disparatado incremento de la energía y del encarecimiento del crudo en los mercados internacionales.

De confirmarse estos datos, cuando conozcamos los valores definitivos a mediados de febrero, la tasa interanual de inflación se situaría en el 3% y supondría un desproporcionado incremento de 1,4 puntos por encima de la registrada el mes pasado (1,6%). En términos mensuales, el IPC de enero situaría su descenso en el -0,5% mientras que en enero del pasado año, los precios se redujeron casi cuatro veces más, un 1,9%. De hecho, la reducción mensual de este enero, es la menor en el primer mes del año del último lustro.

La pésima gestión que de la crisis viene realizando el Gobierno Central vuelve a condicionar, de forma manifiesta, lo ocurrido con el nivel general de precios, pero esta vez en términos inflacionistas. La ausencia de una política energética trasparente y socialmente justa provoca que la economía española, en mayor medida que las de su entorno, se vea afectada por lo ocurrido en los mercados internacionales.

De confirmarse este 3% cuando conozcamos los datos reales del mes de enero en un par de semanas, la tasa interanual de inflación se dispararía con respecto al valor alcanzado en diciembre del pasado año (1,6%). Este injustificado repunte inflacionista responde, claramente, a la falta de autoridad de un Gobierno para con las grandes compañías eléctricas, así como una dependencia excesiva de fuentes energéticas de las que no disponemos en España.

Junto con el esperpento que viene siendo la factura de la luz, más aun teniendo en cuenta como la ola de frío ha provocado que tengamos que hacer un mayor consumo energético, la decisión de reducción de la producción de crudo, tomada por la OPEP, vuelve a suponer una tremenda loza para un modelo productivo que, lejos de avanzar en el consumo de renovables, continúa poniéndoles "impuestos" al Sol.

Si cuando los precios estaban controlados ya abogamos por la necesidad de emprender un importante proceso de mejora de las retribuciones salariales recibidas por los trabajadores, ahora que el fantasma de la inflación vuelve a aparecer, ese abogamiento se convierte en urgente exigencia.

Las consecuencias de un encarecimiento de precios, en la situación actual que sufren las economías domésticas, serían del todo inasumibles. Si la política laboral ha creado la figura del trabajador pobre, la política energética nos ha hecho acuñar el término "pobreza energética". Las familias trabajadoras andaluzas no pueden asumir este desmesurado incremento de precios con los indignos salarios que cobran en la actualidad. El Gobierno Central y el de la Junta de Andalucía, tienen, de una vez por todas, que poner fin a esta situación que ya es dramática para miles de hogares andaluces.